Un refugio pensado para una familia que deseaba, al borde de Santiago, encontrar un respiro de su vida en Tepic. En un terreno generoso y llano, donde ya habitan antiguos mangos y aguacates en la periferia, se abrió un claro al centro: un vacío fértil que invitaba al sosiego.
A pesar de que ese claro invitaba a albergar todo el programa de la casa para no aproximarse a los árboles, planteamos desde un inicio no levantar una casa única, sino dispersar las áreas requeridas en pequeñas construcciones que, por tamaño, permitieran refugiarse en la sombra de los árboles y generando una disposición casi de villa o pequeño “pueblito”.
Esta fragmentación no solo sumó a responder al clima cálido, sino que permitió trazar recorridos entre los volúmenes, activando el goce del terreno en su totalidad.
Junto al acceso se ubicó el área de estacionamiento y bodega, discretamente situada para no interrumpir la paz del resto del predio. A un costado, el gran salón: espacio de reunión, celebración y encuentro. Las recámaras secundarias se abren con distancia justa para ofrecer privacidad, y la principal, al fondo, goza de vistas largas y un huerto íntimo.
Al centro, como corazón compartido, una alberca se entrelaza con el salón y un bloque de baños, vestidores y asador, bajo la sombra generosa de los árboles del norte.
El gran salón se despliega como un espacio fluido: sala, comedor y cocina abierta conviven en libertad. El lado poniente mira hacia un jardín privado resguardado por un muro de piedra que protege del sol y de las miradas desde la calle. Al norte, una escalera lleva al único plano alto del conjunto: una azotea que, como mirador, domina el paisaje y se asoma al campo abierto.
La casa responde al lugar con gestos precisos: plataformas elevadas frente a las lluvias estacionales, materiales nobles y honestos —teja de barro, concreto aparente, mármol nacional bajo los pies— y una jardinería pensada para perfumar, proteger y acompañar, sin exigir de más al agua.
Un zaguán recorre la casa como umbral: amortigua el sol, conecta, cobija. Sus pilares estructuran el proyecto completo, y establecieron un ritmo, permitiendo repetir módulos que facilitaron el proceso constructivo. Así, arquitectura, clima y paisaje se entrelazan sin imponerse, para dar lugar a un refugio que camina el terreno, no lo domina.